Código Ingenios y la división internacional del trabajo

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Correa en un honoris causa

En cada conferencia internacional, Correa ha difundido la teoría de la nueva división internacional del trabajo. Foto: Agencia Andes

¿Qué tiene que ver el Código Ingenios con la división internacional del trabajo?

Por su dimensión y por el tamaño de su economía, Ecuador no solía ser parte activa del concierto internacional: generalmente participaba con un rol que le era asignado, que no era muy diferente que el de otros países Latinoamericanos o del Caribe: plantear algún tema de interés doméstico (como el arbitraje papal nunca aceptado, cuando había una controversia limítrofe con Perú) ante una Asamblea General de la ONU parcialmente vacía (o parcialmente llena, siendo optimistas).

Sin embargo, de un tiempo acá, Ecuador ha participado con un rol más proactivo en la comunidad global. Con sus bemoles, limitaciones, dificultades y retos, el país ha planteado ideas novedosas como el pago por emisiones netas evitadas (inspirado en la lógica de pago por reducir emisiones contaminantes, que es principio detrás de los bonos de carbono); un tribunal internacional de justicia ambiental; un principio de ciudadanía universal; una nueva arquitectura financiera regional; una moneda común, al menos para balanza comercial intra regional; entre muchas otras.

Podemos decir que el país se ha ganado a pulso reconocimientos internacionales, como el haber participado en la mesa de coordinación del acuerdo suscrito en la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático celebrada en Paris, el año pasado; así como la invitación a dos eventos organizados por el Vaticano: el 28 de abril de 2015, participó en la conferencia previa a la publicación de la encíclica ambiental Laudato Si; y el 15 de abril de 2016, en la conferencia sobre nuevos retos y desafíos del Centesimus Annus, cita que reunió al Presidente de Ecuador con líderes progresistas del mundo, como el Presidente de Bolivia, Evo Morales o el entonces pre candidato presidencial demócrata, Bernie Sanders.

En dicha conferencia, el Presidente Correa analiza críticamente la encíclica emitida por Juan Pablo II en las postrimerías de la guerra fría; y contextualiza su lectura a la luz de asuntos que son de debate mundial en la actualidad: la inequidad, la ideología neoliberal y la nueva división internacional del trabajo.

¿Y qué tenía que ver esto con Código Ingenios?

En cada uno de los distintos eventos internacionales en los que ha participado, el Presidente Correa ha transmitido el concepto de liberar la ciencia y la tecnología de las barreras legales que el sistema capitalista imperante le han impuesto desde hace dos siglos: como el conocimiento no tiene rivalidad en el consumo (esto es, no se agota por el hecho de que más personas conozcan), ni tiene barreras intrínsecas para ser compartido (la facilidad y frecuencia con que se “piratean” libros, se “hackean” computadores, se “filtran” investigaciones o se “jailbreak” teléfonos, lo demuestra), el capitalismo actual ha impuesto sobre el conocimiento y la tecnología, barreras legales como: las patentes, los derechos reservados, las órdenes de cese y desista, las tutelas judiciales y administrativas; e incluso las sanciones penales por violación de derechos de propiedad intelectual.

Las barreras legales en la propiedad intelectual cumplen, además, una función en el orden mundial: así como en los siglos pasados, los países centrales fabricaban bienes industriales, asignando a los países periféricos el proveer materia prima (a costo bajo); a partir del siglo XX, los países centrales han pasado a generar bienes del tercer sector (servicios, creaciones intelectuales, industria cultural, informática, medicina, etcétera), desplazando a la periferia la tarea de realizar bienes industriales, particularmente aquellos que representan mayor costo ambiental. Esta nueva división internacional del trabajo se completa con las relajadas normas ambientales de los países periféricos, lo que permite que los bienes industrializados que el primer mundo importe, no tengan internalizados los costos que normalmente deberían asumir las industrias si se aplicara el principio ambiental de que “el que contamina, paga”.

Pero Ecuador no ha limitado su crítica a la nueva división internacional del trabajo, a la voz en conferencias: lo ha hecho realidad en varias normas. Hasta 2014, la ley ecuatoriana sancionaba con prisión de tres meses a tres años y onerosas multas a la falsificación de mercadería, cuando los convenios internacionales exigen sanción penal, pero no obligan a que esa sanción sea prisión. Actualmente el Código Orgánico Integral Penal sanciona únicamente con multas, que llegan incluso a 295 salarios básicos unificados del trabajador en general, pero no comprometen la libertad de la persona. Llevar a una persona a la cárcel por romper barreras legales fijadas sobre el conocimiento, es lo más cercano a la prisión por deudas, que ahora está prohibida en convenios internacionales de derechos humanos.

El Presidente Correa dijo en abril de 2016 en el Vaticano que: “La privatización del conocimiento es ineficiente socialmente hablando y, una vez creado, el conocimiento debería estar disponible para el mayor número de personas. Esto no significa que tiene que confiscarse a los inventores, porque existen otras formas de compensar el conocimiento sin necesidad de privatizarlo. Si debe existir un bien con destino universal, es precisamente el conocimiento. (el resaltado es del discurso original).

Se debate actualmente en la Asamblea Nacional una nueva legislación sobre propiedad intelectual: el Código Ingenios. Debería esperarse que la bancada de gobierno apoye las ideas que el Presidente y el Gobierno de Ecuador vienen impulsando desde distintos foros internacionales, de manera consistente y durante años. De otro lado, también el Legislativo debate una nueva legislación sobre derecho ambiental. También debería recogerse en ese nuevo Código, aquellas ideas que Ecuador viene impulsando en el concierto internacional.